martes, 25 de abril de 2017

El barroco inglés

La música escénica en Inglaterra
El siglo XVII va a ser un siglo de gran consumo de música en Londres, aunque no de gran producción. Purcell será el mejor compositor inglés del momento e incluso se puede afirmar que tiene un mejor dominio del coro que el propio Lully, que componía para cinco voces. No obstante, pese a haber pasado justamente a la historia de la música como uno de los más brillantes, no fue el único compositor inglés de esta época y hubo una serie de compositores anteriores que ayudaron a sentar las bases sobre las que Purcell pudo hacer lo mejor de su música.

Entre las tradiciones inglesas estaban los Air y las composiciones basadas en el bajo de ground (que era una especie de bajo secuencial que se repite). Estos elementos se irán manteniendo en compositores como Lawes, Gibbons, Albion, Blow, Dowland... Algunos elementos que en Purcell parecen estar tomados de la música italiana, en realidad han sido extraídos de estos elementos autóctonos y propios de la música inglesa. El Air inglés se asemeja al recitativo, pero es mucho más melódico. En ningún caso es un recitativo a la italiana.

Además de estas dos tradiciones, se le suma otra tradición más: las masques inglesas, celebradas en la Banqueting house. Estas masques eran un género en el que se mezclaban danza, música instrumental, canciones solistas, coros y vestuario. Eran espectáculos muy completos, pero no eran dramas unificados como podían serlo las óperas. En general, era un espectáculo complejo en el que la parte fundamental recaía en el baile. Durante la época de Isabel I y Jacobo I, el principal compositor fue Ben Johnson y Íñigo Jones, conocido arquitecto de la época, se encargaría de la escenografía. Durante la época de Jacobo I, se incrementaron el número de masques y la implicación política de estos: se invita a participar a embajadores a este tipo de espectáculos. También será un género que influirá en otros, hasta el punto de que se incorporarán masques en obras de teatro. Por desgracia, la música de las masques no ha sobrevivido. Durante la época de Carlos I se van a hacer masques muy costosas y grandiosas. En 1638 se estrena Britania triunfante compuesta por Henry Lawes y que tiene el mérito de ser la más extensa. No sólo se harán este tipo de espectáculos en entornos cortesanos, también se harán en el entorno nobiliario. Es el caso de la obra de John Milton, denominada Comus, llamada así por el personaje que la protagoniza, un sátiro sacado de la mitología griega y que intenta pervertir a una doncella. La obra es de carácter moralizante y hace hincapié en la castidad y en el no dejarse llevar por las pasiones.

En 1649 tiene lugar el levantamiento de Cromwell y durante 12 años Inglaterra estará bajo el yugo de los puritanos. Los puritanos, si bien no estaban en contra de la música, sí estaban en contra del entorno donde se producía, el entorno palaciego. Prohibieron las obras escénicas, pero no los conciertos o entretenimientos musicales privados. No obstante, la fuerza del teatro inglés obligó a buscar una solución sutil que no violara la prohibición de los puritanos pero que permitiera seguir haciendo obras de teatro: se insertaron elementos de drama hablado en estos conciertos de música, de tal forma que los elementos de la mascarada (la danza, las canciones y los coros) se mezclaban con los elementos del drama hablado, originando un estilo próximo a la ópera. De la época de los puritanos es Cupido y muerte con música de Matthew Locke y  Christopher Gibbons.

En el año 1660, tiene lugar la restauración de la monarquía inglesa. Carlos II, de la familia de los Estuardo, llega al trono. Carlos había pasado su infancia en Francia, con su primo Luis XIV; es decir, que se va a afrancesar. Carlos II intentará llevarse a Lully a la corte inglesa, pero ante la negativa de este, se lleva en su lugar a Cambert. ¿Qué ocurrirá con el teatro en esta época? Con los puritanos fuera de combate, la tradición teatral inglesa es lo suficientemente fuerte como para mantenerse junto con la tradición de las masques y no dejarse influir por la ópera italiana, creando un género operístico distinto al italiano. En este momento desarrollarán su actividad los compositores John Blow y su alumno Henry Purcell. La tradición historiográfica considera que Venus y Adonis y Dido y Eneas serían las primeras óperas inglesas, aunque no están claras las fechas y pese a que Venus y Adonis es realmente una masque. La tradición inglesa no sería la única que tratara el mito de Venus y Adonis; la tradición española también lo utilizaría como base para La púrpura de la rosa.

John Blow's Pastoral

"The tempest" de Locke

A partir de un capítulo de la Eneida de Virgilio, N. Tale escribirá el libreto de Dido y Eneas. Eneas es el superviviente de Troya que sale con su padre en brazos y su descendencia. Es además el fundador de Roma. El libro IV de la Eneida narra el amor de Eneas y Dido. Dido y Eneas empieza con una obertura a la francesa, de ritmo puntillado y con dos partes: una lenta y homofónica y otra rápida de carácter contrapuntístico. Los momentos autóctonos (airs) se reservan para los personajes secundarios. Ah, Belinda rest utiliza un bajo de ground, repite siempre la misma secuencia armónica en el bajo mientras la melodía va variando.

Tras el reinado de Jacobo II se desató una guerra civil. Jacobo II era católico, condición que no estaba bien vista en Inglaterra. No obstante, Jacobo hizo un juramento de no mezclar los asuntos de Estado con la Iglesia. No fue capaz de cumplirlo, ya que el papa le convenció de que había sido nombrado rey de Inglaterra por derecho divino para convertir Inglaterra al catolicismo. Dido y Eneas es una alegoría de esta situación: Dido es Jacobo II, Eneas es Inglaterra y el papa es la maga.

La otra música inglesa
Dado que Inglaterra no destacó por la composición de óperas, género por antonomasia en esta época, su vida musical quedó ensombrecida. No obstante, cultivó una serie de géneros propios en este momento como son el catch, un canon con texto humorístico, y los anthems, género predilecto de la Iglesia anglicana. Asimismo, el baile jugó un papel fundamental en la vida social inglesa en todos los estratos, desde la corte hasta el mundo rural. En 1651, el editor John Playford recopiló y publicó una serie de melodías populares inglesas para danza junto con instrucciones de cómo ejecutar el baile en un libro que llevó por título The English Dancing Master.

Fragmento de The English Dancing Master de Playford


Enlaces de interés
The English Dancing Master de John Playford

miércoles, 19 de abril de 2017

La tragédie lyrique y la ópera francesa

Aunque en esta época Italia se había proclamado a la cabeza de Europa en el ámbito musical, Francia surgirá como una de sus competidoras. Allí, el rey Luis XIV había establecido un gobierno centralizado y utilizaba las artes como propaganda de su reinado. Bajo su amparo, los músicos franceses desarrollarían un lenguaje propio, marcado por la elegancia y la contención, en contraposición del virtuosismo de la música italiana.

El único contrapeso a la ópera italiana va a ser la tragédie lyrique. El punto de partida de la configuración de un formato será la obra Cadmus et Hermione (1673) de Lully. Esta es la que se considera como la primera de las tragédie-lyrique y recibirá cuatro influencias:

- De la ópera italiana
- De la pastoral
- De la tragédie clasique
- Del ballet

Los contemporáneos enjuician la ópera según los mismos estamentos con los que miraban a la tragedia griega. Lully y Quinault tomarán como referencia la tragedia griega y no la comedia porque había una forma de declamar en la tragedia francesa de Racine que se trasladaría a las características básicas de la tragédie lyrique. A partir de los años 40, el cardenal Mazarino va a organizar ópera italiana en la corte francesa para mostrar lo que se estaba haciendo en Italia: entre las óperas representadas se encontraba el Orfeo de Luigi Rossi y Ercole amante de Cavalli. Este tipo de espectáculos no gustará en el entorno francés porque no tienen una dirección dramática tan definida como en la tragedia francesa. No se parece en nada al formato francés. Además, la corte se mostraba reacia a un tipo de espectáculo que venía de un país extranjero y que estaban introduciendo, para colmo, dos extranjeros (Ana de Austria y el cardenal Mazarino, madre de Luis XIV y el amante de esta).

No obstante, la ópera italiana trajo consigo un tipo de formato con el que sí se quedarían los franceses: la tragédie a machine (la tragedia de máquinas), la ópera de tramoyas. Una de las obras que se harán siguiendo este formato será Andrómeda, que utilizaba la tramoya y la espectacularidad de las máquinas y que hizo que el público francés se acostumbrara a este tipo de espectáculos.

En este contexto surge la figura de Pierre Perrin, que se aliará con Cambert y serán los primeros en hacer un espectáculo dramático-musical con nuevos elementos: la primera comedia francesa en música. Su temática es pastoral, género que no fue exclusivo de la ópera italiana. Sobre Perrin recaerá el privilegio de la Académie Royale de la Musique, entidad que concede una serie de privilegios, pero también una serie de obligaciones, entre ellas la de dar al menos un espectáculo. En el año 1669 harán el primer espectáculo: Pomone, con texto de Perrin y música de Cambert (como curiosidad, es la primera obra en la que aparece escrita la palabra oboe en la partitura). Cambert, por su parte, era un buen compositor que fue eclipsado por la figura de Lully. Fue compositor de cámara del duque de Orléans y sería compositor de cámara de Carlos II de Inglaterra donde será asesinado por uno de sus lacayos. Perrin acabaría en la cárcel por conflictos en la gestión de la Académie.

Por otro lado, el ballet también será un elemento clave presente en la tragédie lyrique. El ballet es el divertimento favorito de la corte desde la baja Edad Media. Los llamados tableaux vivant (cuadros vivientes) existían desde el siglo XV. Se hacen para el divertimento de la corte. La primera vez que aparece el término "ballet" es en un espectáculo hecho para los embajadores polacos y procede de una deformación del italiano balletto, diminutivo de ballo. Un paso adelante en la configuración del ballet va a tener lugar en una obra llamada Circe o Le ballet comique de la Reyne de Baltasar Beaujoyeulx hecho en 1581, donde se contaba una historia a través del baile.

Ballet a entrées: los franceses entendían que la narración de la tragedia tenía que hacerse siguiendo la tragedia clásica, del texto hablado y no de la música. Se compondrán más ballets que óperas e incluso se repondrán ballets, el ballet de las sirenas se estuvo reponiendo hasta el siglo XVIII. El gusto de los franceses por la danza es lo que marcaría la pauta y no sólo en esta época. Más adelante, en el siglo XIX, fueron muchos los compositores de ópera que se vieron obligados a incluir ballets en sus óperas, muy en contra de su voluntad, por exigencia de los empresarios franceses, como en el caso del estreno francés de Tannhäuser de Wagner. De la época de los ballets nos han llegado unas 400 danzas, entre danzas de salón y coreografías. Del propio Lully nos habrán llegado unas 50 de 16 tipologías diferentes (Bourrée, Gavotta, Allemande, Pavana, Gallarda, Courante, Minueto, Sarabande, Pasacalle o Passepie, Chacona, Loure, Giga).

Por su parte, Lully, que había aprendido los estilos operísticos de Luigi Rossi y Francesco Cavalli durante las representaciones a cargo de Mazarino, inició una colaboración con el escritor de comedias Jean-Baptiste Molière para crear una serie de comédies-ballets, un tipo de espectáculo que fusionaba elementos del ballet y de la ópera, sin poder considerarse como una ópera íntegra. Va a ser el propio Molière el que le proponga a Lully poner música a sus comedias para dotarlas de mayor entidad. La tradición del ballet en Francia era demasiado fuerte como para pasarla por alto, así como la tragedia hablada de Corneille y Racine. La cultura literaria francesa daba prioridad a la poesía y al drama, considerando que un diálogo cantado tendría poca credibilidad. A pesar de esto, Lully se convenció de que era posible hacer ópera en Francia. En 1672 adquiere un privilegio real que le concede el derecho exclusivo de representar drama cantado en Francia. El ministro Colbert le quita el privilegio de la Académie Royale de Musique a Perrin y se lo cede a Lully. Lully impondrá sus condiciones: no se podría hacer un espectáculo musical con más de dos cantantes y que los privilegios pasarían a sus herederos. Lully supo aunar drama, música y ballet en una nueva forma de ópera francesa que se llamaría tragédie en musique y más tarde tragédie lyrique.

La música de Lully proyectaba el esplendor de la corte de Luis XIV. Cada ópera comenzaba con una ouverture, que señalaba la entrada del rey. Las oberturas de Lully seguían el formato que ya había utilizado en sus ballets y que se conoce hoy como obertura francesa. Cavalli tiene una ópera llamada Ercole amante, y cuyas partes de danza las hizo Lully y es aquí donde hizo una obertura a la francesa. La estructura de la obertura francesa es la siguiente:

- Una primera parte (A) que se repite, de ritmo lento, majestuoso y con ritmo puntillado (que tradicionalmente se ejecuta como doble puntillo), binario y de textura homofónica.

- Una segunda parte (B) de ritmo ternario, vivo, rápido y de textura contrapuntística en los que hay puntos de imitación. Esta parte utiliza hemiolias en las cadencias.

- Una tercera parte en la que se vuelve al carácter de la primera (A'). B y A' se repiten.

Esta estructura se puede observar perfectamente en la obertura de Armida de Lully:


Otro elemento importante en las tragédie lyrique de Lully son los divertissements. Un divertissement es un episodio extenso, estrechamente ligado con la tradición del ballet. Se trataba de una breve escena que daba cabida a una sucesión de danzas y coros espectaculares, con un vestuario y coreografías muy elaboradas. Un ejemplo de divertissement sería la escena del sueño de Atys.


La música que compone Lully para sus tragédies lyriques está estrechamente ligada con la declamación y el lenguaje francés. Los recitativos de Lully siguen el contorno general del francés hablado, alternando la notación binaria con la ternaria para permitir la declamación más natural posible. De este modo, los recitativos de Lully prolongaron la tradición francesa, remontándose a la musique mesuré y al air de cour. Los momentos más líricos, denominados airs, son canciones con texto rimado y compás regular. No eran tan elaborados como las arias italianas y eran silábicos.

CARACTERÍSTICAS DE LA TRAGEDIA LÍRICA
- Tiene un prólogo en el que se exalta a Luis XIV, en ocasiones se hacen referencia a hechos históricos.
- Tiene cinco actos.
- La historia tiene un argumento unificado, sólo se cuenta una historia, no hay subtramas como puede haberlas en la ópera italiana.
- Los personajes se tomán de la mitología o del romance medieval (Armida, Amadís, Orlando furioso de Ariosto...)
- Los personajes son estrictamente los necesarios.
- La acción sigue los pasos lógicos hasta la resolución necesaria.
- Muchas escenas son del tipo pastoral.
- La acción se desarrolla a través del declamado.
- Son comunes los diálogos y conjuntos varios (dúos, tríos)
- Hace un importante uso del coro, contando con un vertiendo estructural. Están compuestos, además, a cinco voces.
- Le otorga especial importancia al ballet.
 Divertissement: es una escena espectáculo.

Películas recomendables
La pasión del rey: https://www.youtube.com/watch?v=iswWGVsnbrM

miércoles, 12 de abril de 2017

Traducción de "Im Abendrot" de Schubert


Im Abendrot
O, wie schön ist deine Welt,
Vater, wenn sie Golden strahlet!
Wenn dein Glanz hernieder fällt,
und den Staub mit Schimmer malet,
wenn das Rot, das in der Wolke blinkt,
in meiner stilles Fenster sinkt!

Könnt ich klagen, könnt ich zagen?
irre sein an dir und mir?
Nein, ich will im Busen tragen
deinen Himmel schon all-hier.
Und dies Herz, eh es zusammen bricht,
trinkt noch Glut und schlürf noch Licht.



En el atardecer
Oh, qué hermoso es tu mundo,
Señor, cuando resplandece con color áureo,
cuando tu brillo se esparce sobre nosotros
y pinta todo con polvo dorado;
cuando el rojo, que en la nube centellea,
desciende hasta mi ventana taciturna.

¿Acaso puedo quejarme? ¿Es que voy a acobardarme?
¿He de estar confuso ante Ti y ante mí?
No, tan sólo quiero llevar en mi pecho
todo tu cielo,
y que mi corazón, antes de que se rompa,
pueda beber de las brasas y arrastrar tu luz.

Sobre las "Etymologiae" de Isidoro de Sevilla

Lo primero que encontramos en este texto es una de las primeras clasificaciones de las tipologías de instrumentos. Isidoro habla de los instrumentos de viento (o como él los llama "el tipo orgánico"), de los instrumentos de percusión y cuerda percutida (que el llama del "tipo rítmico" y que engloba dentro de una misma categoría) y habla también, en primer lugar, del canto, instrumento al que otorga un puesto privilegiado, excluyéndolo de las demás tipologías y adquiriendo entidad propia y a la que llama del "tipo armónico". Y es que, como el mismo reconoce más adelante, el canto "es aire golpeado por el aliento". Si los instrumentos de viento (los que Isidoro llama del "tipo orgánico") también producen el sonido a través del "aire insuflado", ¿por qué no encuadra el canto dentro de los instrumentos del tipo orgánico? Tal vez porque el canto se sirve de la palabra, que es lo que utilizan los actores de comedias y tragedias, como dice Isidoro de Sevilla. El actor es verbo, el actor es palabra. Resulta curioso que el término que usa Isidoro para referirse a la vibración de las cuerdas vocales por parte del aire (verberatus) tenga la misma raíz que verbum (el verbo, la palabra). Cuando hablamos, cuando usamos la palabra, estamos haciendo vibrar nuestras cuerdas vocales. En sus textos, Isidoro utiliza la palabra modulación para referirse a la recitación de los actores de teatro; es decir, a las distintas inflexiones, a los distintos colores que utiliza un actor con su voz cuando está recitando un texto. En otras palabras, en hacer música con la voz. Y para hacer música con la voz es necesario que se vean implicados cuerpo y alma (y esto entronca directamente con el pensamiento y la filosofía platónica); en Isidoro está presente la idea de que el movimiento (la vibración) producido por el alma y el cuerpo está estrechamente relacionado con la música.

Por otra parte, estos capítulos de las Etymologiae constituyen un testimonio de lo que podríamos llamar un diccionario de términos musicales, un libro de lenguaje musical del siglo VI. Muchos de los términos musicales que utilizamos hoy en día los encontramos aquí definidos por primera vez, bien con otros nombres, bien con el mismo y constituyen un testimonio de su evolución. De tal manera que podemos encontrar términos como armonía que para Isidoro de Sevilla es:

una modulación de la voz y una concordancia o recíproca disposición ordenada (coaptio) de muchos sonidos.

Es decir, en el siglo VI d.C., Isidoro ya había planteado una definición bastante concreta y, sobre todo, actual de armonía. Aunque algo exigua, recoge la esencia de lo que es y entendemos por armonía: un conjunto de sonidos ordenados de forma tal que producen música. Asimismo, también encontramos los términos consonancia y disonancia, sólo que en Isidoro de Sevilla los encontramos disfrazados de otros nombres: sinfonía y diafonía. Encontramos también un cambio semántico de algunos términos que, para nosotros en la actualidad significan una cosa, y para Isidoro significan otra: es el caso del término tono. Así define "tono" en sus Etymologie:

El tono es la emisión más o menos aguda de la voz.

Para Isidoro de Sevilla, "tono" equivale a lo que nosotros hoy en día llamaríamos la altura del sonido; es decir, a si un sonido es más grave o más agudo. Además, Isidoro pone en estrecha relación este concepto con el de armonía, que para él es la ordenación de distintas alturas de sonidos; es decir, Isidoro está haciendo una definición primitiva de la escala. No sólo eso, sino que además, cada escala se corresponde con un determinado estado de ánimo (volvemos, de nuevo, a la teoría del ethos), ya que cada armonía depende en cierta medida de la entonación o el nivel de la voz. Un entonación grave quedará reservada para momentos solemnes, mientras que una entonación elevada se reservará para momentos de júbilo y alegría. Así los expresa Isidoro un poco más adelante:

Los sonidos dulces son sutiles y compactos (spissus) claros y agudos. Sonidos penetrantes son aquellos que duran mucho tiempo, de forma tal que ocupan todo el espacio de modo continuo, como el sonido de las trompetas.

Por tanto, encontramos en los textos de Isidoro una estrecha relación con la teoría musical griega. Cuando habla de los "musici" (es decir, de los que no hacían música, que eran los teóricos de la música, y no los músicos prácticos, a los que no se les consideraba músicos) y de los "quince géneros", que no son otra cosa que los modos griegos. Hace también una ligera referencia a la teoría musical pitagórica y de las proporciones al hablar de la condición física que se tiene que dar para que emitir un sonido agudo:

Las cuerdas más delgadas emiten un sonido agudo y tenue.

Como colofón final, Isidoro hace una primitiva clasificación de los distintos tipos de voces, llegando a la conclusión de que la mejor voz entre todas es la aguda, pero no sólo tiene que ser aguda, además, ha de ser clara y dulce para que sea perfecta:

La voz alta, dulce y clara es perfecta; alta para que llegue al agudo; clara para que llene el oído; dulce para conquistar el ánimo del oyente. Si falta uno de estos requisitos, la voz no es perfecta.

Enlaces de interés
Manuscrito de las Etymologiae de Isidoro de Sevilla (Ms.10008). Siglo XI

miércoles, 5 de abril de 2017

Historia de la notación

El siguiente texto es una traducción de las primeras páginas del libro de Hélène Berguermont Histoire de la notation, destinado a todos aquellos a quienes les resulte difícil leer en francés este tipo de textos de eruditos.

La discusión sobre los orígenes de la notación musical en occidente concierne necesariamente a los cantos litúrgicos latinos, que fueron el primer apoyo de las notaciones musicales medievales. La cultura elevada, escrita, estaba en esta época en manos de los clérigos, que tuvieron como primera preocupación, en el momento en que empezaron a notar la música, la conservación y la transmisión de las melodías de los textos litúrgicos. Sin embargo, hubo una serie de excepciones: los neumas colocados sobre los textos de los clásicos latinos durante su lectura fueron musicalizados lo poco que se podían, es decir, eran "cantilados", y algunos planctus, lamentaciones para la muerte de personajes ilustres, notados en un manuscrito lemosín del siglo X, con los mismos medios gráficos utilizados para notar las composiciones litúrgicas. La inmensa producción de música profana, en particular instrumental, que predominó durante esa época se ha perdido, ya que nunca fue notada. Pero las melodías de los trovadores, compuestas en el siglo XII y consignadas en los manuscritos del siglo XIII, demuestran que existía un parentesco (al menos modal), entre las composiciones profanas y religiosas, dentro de los límites de sus funciones específicas.

UNA CULTURA DEL LIBRO SIN NOTACIÓN MUSICAL
Es la revisión del canto romano en el Imperio Carolingio, según el uso franco y para el Imperio, la que tuvo gran parte de responsabilidad en la invención de las notaciones musicales en occidente en el siglo IX. Iniciado por la complicidad de Pepino el Breve y el Papa Esteban II a partir del año 750, contribuyeron a la formación del canto franco-romano, que más tarde se atribuiría a San Gregorio. Los repertorios notados de esta época son fruto de este remanente (los cantos franco-romanos), o de creaciones contemporáneas: tropos, secuencias, nuevos oficios dedicados a los santos.

La ausencia de una notación musical durante la Alta Edad Media es, a decir verdad, un objeto de asombro, pero aún lo es más la persistencia de una tradición musical propiamente oral en un medio intelectual que conoce y venera la escritura, el libro, a niveles extremos. Basta con consultar los catálogos de las bibliotecas medievales para tener una idea de la producción manuscrita anterior al siglo IX, que se ha conservado a pesar de los problemas de toda clase que se han desatado a lo largo de esta época. Estos testimonios de elevada civilización literaria hace que a nuestros ojos resulte sorprendente la ausencia de una escritura musical. La razón sea que, probablemente, la música sea aquí una sierva del texto.

El canto se escuchaba primero sobre algunos cánticos del Antiguo Testamento y sobre los salmos. Es, por tanto, en los salterios litúrgicos, que indican las divisiones litúrgicas de los salmos, donde aparecen las primeras indicaciones de tipo musical. En el salterio de Saint-Germain (Pn Lat. 11947), copiado durante el siglo VI con letras de plata sobre pergamino de color púrpura, deben considerarse las indicaciones del estribillo R (Responsorium), que son informaciones que conciernen a la forma de ejecutar la música, como un testimonio valiosísimo, ya que tiene los títulos y las divisiones de los salmos dibujadas en letras de oro, igual que los nombres divinos.

Sobre los recitativos de la Pasión, reservados a los evangelistas, las letras que indican la velocidad, recitado rápido, c (celeriter) o lento de Cristo, t (tarde), ofrecen, desde la época carolingia, las indicaciones para su ejecución, al igual que las letras que indican los cambios de registro en el canto: a (alte) o s (sursum). Estas letras, que son las mismas que se utilizaron en las notaciones neumáticas, continuaron durante mucho tiempo formando parte de los cantos de la Pasión, enriquecidas con variantes.

Se lleva a cabo una reorganización de los libros del canto litúrgico, y con ella, su notación, favorecida por la reforma del canto romano en el Imperio Carolingio, pero sobre todo también por el renacimiento literario carolingio. Desde finales del siglo VIII se copian en los antifonarios para su interpretación todos los cantos de la misa y del oficio, sin que se haya previsto una notación musical. Es en esta misma época cuando la reflexión sobre la nueva clasificación de los modos da a luz un libro donde la función es claramente musical. El tonario que precede al salterio de Saint-Riquier (Pn Lat. 13159) presenta la lista de los himnos que se deben cantar bajo un mismo tono salmódico. La única referencia es el nombre del modo: Protus, Deuterus, Tritus y Tetrardus, cada uno de ellos dividido en auténtico (autentus) y plagal (plagi). Junto a cada uno de estos títulos, de estos números (protus quiere decir primero, etc.) encontramos una lista de himnos en los que el canto está asociado a una salmodia así definida. Los intérpretes a los que va dirigido el tonario conocen las fórmulas melódicas correspondientes a esta terminología, aunque sin ninguna notación, una referencia musical.

II. LA INVENCIÓN DE LA NOTACIÓN EN OCCIDENTE
1. ¿Cómo aparece la notación musical?
En los magníficos manuscritos del siglo X en los que se encuentran los cantos, todo su repertorio está notado con sumo cuidado, demostrando que las búsquedas notacionales han sido plenamente alcanzadas. Se trata del cantatorium, el tropario, los antifonarios del oficio y de la misa, este último llamado a menudo gradual. No obstante, las primeras notaciones del siglo IX, imprecisas e incompletas, las encontramos en libros que no estaban directamente destinados al canto. A partir de esta época, la ordenación de las oraciones y de los textos fueron consignados a distintas clases de libros. A partir del siglo V apareció una renovación de la teoría musical con Martianus Capella, Casiodoro (ca. 477-570) y Boecio (ca. 475-526). Este último presenta el conjunto de los sonidos musicales con una serie de signos tomados del alfabeto griego, pero sólo se queda en el plano teórico. De la misma forma, su empleo de caracteres latinos para el cálculo de los intervalos y para el monocordio no constituyen una notación propiamente dicha. Cuando Isidoro de Sevilla (570-636) insiste en la necesidad de conservar las melodías en la memoria, incluso si su discurso está copiado de las fórmulas literarias del Antiguo Testamento, como escribe D. Devoto, lo hace recalcando la escasez de las notaciones musicales: "Si los sonidos no se retienen en la memoria de los cantantes, se pierden, porque no se pueden escribir."

La invención de símbolos, de nueva invención o tomados prestados de otras lenguas, no supone un problema para estos tres eruditos y es explotado directamente para una enseñanza en la que el asunto principal es la disertación sobre las relaciones entre los sonidos. El origen de la notación a partir de los signos de acentuación ha sido puesto en duda por Leo Treitler, ya que revela un idea teórica más que un examen de las fuentes. Cuando los antiguos gramáticos utilizaban una terminología de acentos (acutus, gravis, circumflexus) hacía referencia a realidades de otro género. Además, los signos de los acentos no aparecen en la escritura hasta el siglo IX, en la misma época en la que aparecen las primeras notaciones musicales. Cuando el teórico Aureliano de Reome describe a mediados del siglo IX las inflexiones de la melodía que diferencian los tonos salmódicos, lo hace usando una terminología que no se corresponde exactamente a la que usaban los gramáticos. Por el contrario, el uso de los signos de puntuación con fines musicales es casi natural, puesto que la puntuación, además de ser un signo escrito, es uno de los medios para musicalizar la recitación, las lecturas o los salmos, y hacerlo inteligible al oyente. Los signos que, en la escritura literaria, señalan la puntuación de las frases y de sus divisiones tienen un valor ecfonético, es decir, que remiten a una fórmula cadencial convencional, que puede estar compuesta de varios sonidos. Algunos de estos signos serán utilizados en la notación musical para representar los conjuntos de sonidos convencionalmente definidos, quilisma, oriscus...

Leo Treitler, retomando las categorías del discurso enunciadas por el filósofo Charles Peirce, distingue tres modos: el símbólico, el icónico y de índice en las notaciones musicales. El último tenía una función interpretativa, como la de indicar los dedos a colocar sobre las cuerdas en una tablatura de laúd; el modo simbólico supone un aprendizaje, una convención de equivalencia entre significado y significante; y el modo icónico sería aquel en el que el signo "designa" una función directamente comprensible por el lector. Es así que la relación tractus-virga que significa un movimiento ascendente en la notación de San Galo será de tipo simbólico, mientras que la sucesión de puntos que se extienden en lo alto sobre el pergamino sería icónico. La categoría simbólica es la que predomina. Aparece primero en las notaciones alfabéticas: las letras representan las notas. La cuestión es más delicada en lo que concierne al modo icónico de representación. La música es un arte temporal, la comprensión inmediatamente más perceptible es la del ritmo,  que es lo primero que se manifiesta en las primeras notaciones, a través de espacios o por la distinción de puntos (corto) y trazos (largo).

La representación melódica no puede ser exactamente icónica. M.-É. Duchez ha mostrado sus reservas acerca del carácter inmediato de la equivalencia bajo-grave, alto-agudo, y ha hecho notar que se ha formulado gracias a una progresiva racionalización. Sin embargo, esta equivalencia se ha adquirido durante la época que nos ocupa, como lo demuestran las fascinantes descripciones musicales de Aureliano de Reome, así como la preocupación, manifestada por todas las notaciones musicales, de designar el movimiento melódico. ¿Debemos hablar del movimiento de la mano que dirige el canto, la quironimia? Si bien es cierto que la existencia de una quironimia, esto es, del gesto  de dirección o de expresión de la música, no se pone en duda durante la Edad Media, es más difícil ligarla a los signos escritos. La quironimia, atestiguada en los documentos medievales, parece concernir más bien a la enseñanza teórica de la  música, especialmente como ayuda a la mano musical en la que los intervalos tenían cada uno su sitio sobre los dedos de la mano. La mano era muy utilizada en la enseñanza durante la Edad Media, así como en otros terrenos. Es probable que Guido d'Arezzo no fuera su inventor en la enseñanza del canto, pero sí es el responsable de la representación que, sobre los dedos de la mano, utilizan las sílabas de solmisación.

2. Primeras notaciones musicales
Un signo elegido representa un grado definido
En el siglo VI, el filósofo Boecio utilizó un sistema de notación alfabética, a modo de imitación de los griegos. Las notaciones musicales griegas están transcritas en las tablas de Alipio (siglo IV d. C.) Se compone de una serie de símbolos tomados de un alfabeto antiguo, mezclado con otros signos. En el siglo II de nuestra era, Arístides Quintiliano menciona la existencia de notaciones griegas más antiguas que utilizaban también el alfabeto y un sistema de signos reversibles. El principio de reversión de los signos lo volveremos a encontrar en el siglo IX en la Musica Enchiriadis.

Antes de proceder a sus divisiones del monocordio, Boecio dedica buena parte de su capítulo IV a describir los signos o letras griegas a partir de las cuales, a modo de imitación de los griegos, nombrará las notas musicales vocales (dictionis, verborum) e instrumentales (percussionis), en los tres géneros (diatónico, cromático y enarmónico): "que les han dado un nombre a cada uno, a fin de que sean fácilmente reconocidos" (IIII, 3). En IIII, 5 "división del monocordio en el género diatónico", Boecio asocia a la notación griega una notación alfabética latina. Las letras del alfabeto latino se utilizan para dividir el monocordio.

Se sirvió de las letras latinas para describir las consonancias, de la A a la O, a las que le añade la P para terminar la segunda octava (IIII, 14-17).

En el siglo IX, Hucbaldo de Saint-Armand, la Nova expositio del tratado Alia Musica y el autor de Musica Enchiriadis se sirvió de nuevos signos simbólicos para notar la música. Hucbaldo usa ampliamente las figuraciones espaciales en su exposición sobre los modos, las relaciones entre los intervalos y su organización tetracordal. Lo que él propone es distinguir por los puntos o por las separaciones lineales, los intervalos de tono o de semitono. Pensaba en una representación vertical de la sucesión de los intervalos según el sistema de tetracordos griego. En definitiva, él imagina representar los intervalos o las sílabas de un himno conforme a la disposición de seis cuerdas de la cítara y diferenciar sobre este esquema la ubicación de tonos y semitonos. Al contrario que las notaciones neumáticas, demasiado imprecisas y diversificadas, los sistemas alfabéticos, de cuya autoría se proclaman los griegos y Boecio, simplifican sus sistemas en 18 signos de la escala diatónica. Finalmente, propone unir las notaciones neumáticas y alfabéticas.

Estos signos se inventaron con el siguiente objetivo: de la misma forma que las letras [del alfabeto] permiten diferenciar en un texto escrito los sonidos y los fonemas de las palabras sin que el espíritu del lector se pueda equivocar, se vuelve así posible, sin la ayuda de un maestro, cantar a primera vista, una vez que se adquiera su conocimiento, cualquier melodía notada con la ayuda de estos signos. Los signos neumáticos más típicos, sin embargo, no se deben tomar del todo por inútiles, particularmente cuando sirven para indicar el movimiento rápido o lento de la melodía o si el sonido representado contiene una nota trémula [tremulam], o bien si de esa manera estos sonidos son reensamblados en un mismo [grupo neumático] o separados el uno del otro o si terminan a través de una cadencia [claudantur] sobre un grado inferior o superior, según lo que signifiquen ciertos [pasajes] del texto, en definitiva la [notación neumática] se puede considerar de auténtica ayuda.

El tratado incluido en Alia, Nova expositio, utiliza también un alfabeto en el que la serie no es continua, cada letra redirecciona a un nombre de uno de los intervalos del gran sistema tetracordal, hypates, medianos, disjuntos (o conjuntos), hyperbolées. Se puede aún reconocer el gran sistema perfecto de Boecio:

A B C F H M O *[X] Y CC DD FF NN II* o [Q T]

La Musica Enchiriadis tiene por objeto la definición de los intervalos, de las relaciones entre los sonidos, y, además, contempla su audición simultánea, la polifonía se estudiaba como una aplicación para la búsqueda de las consonancias. Este tratado utiliza también la representación interválica de los sonidos, especificado por la nomenclatura de los tonos y semitonos. Pero, para representar con precisión las notas, propone un sistema distinto que no utiliza letras griegas o latinas, sino signos nuevos, que permite individualizar cada sonido. Y. Chartier explica estos signos por la adición al signo dasiano de un sigma dispuesto de distintas formas y de una iota. Todos los tetracordos comprenden los mismos símbolos dispuestos de distintas formas y las dos notas suplementarias son designadas a partir del signo dasiano tumbado (ver ejemplo 1).

Hucbaldo representó los intervalos en el espacio, a modo de imitación de las cuerdas de una cítara y precisó la ubicación de los tonos y semitonos. La Commemoratio brevis y la Musica Enchiriadis usan también una representación interválica. La polifonía se representa aquí de forma más empírica y visual, en partituras, las sílabas de cada una de las voces se disponen unas debajo de las otras. Y para precisar los intervalos así "Mostrados", asocian a esta representación espacial la forma de notas (notarum figura), según el reparto tetracordal de los signos dasianos, y la indicación de tonos y semitonos (tonus, semitonus). Este sistema definió de esta forma las consonancias: octava, quinta y cuarta.

Las indicaciones interválicas t y s inspiraron el sistema de escritura propuesto por Hermann Contract, monje de Reichenau, a mediados del siglo XI: junto a los neumas figura la indicación de los intervalos representados: e unísono, s semitono, t tono, st tercio menor, tt tercio mayor, d cuarta, Δ quinta, sexta, sexta mayor.

A raíz de la publicación de Dialogus in música (finales del siglo X), Guido d'Arezzo vuelve a usar el sistema alfabético latino para describir las notas, sus relaciones y sobre todo los principios de la polifonía. Habiéndose definido las correspondencias de las notas según sus relaciones interválicas de tonos y semitonos: C, F, G, Guido inventa un sistema muy útil, las famosas sílabas con las que comienzan los primeros versos del himno a san Juan Bautista: Ut queant laxis... Estas sílabas no tienen el mismo significado hoy en día que en los tiempos de Guido. Así es como se asentaron las bases de la solmisación que permite señalar la ubicación del semitono nombrando como Mi y Fa las notas que le rodean.

Un poco más tarde (siglo XI) aparece una nueva serie alfabética, de la a a la p, que se suma a las notaciones musicales para mayor precisión, en el tonario de Dijon, y en los manuscritos normandos ,e como Dijon, por la reforma monástica de Guillaume de Volpiano. Esta notación está muy lejos de la planteada por Boecio, pero a partir de este momento adquiere una significación musical práctica.

Estas notaciones alfabéticas no tienen relación directa con otras aplicaciones del alfabeto (letras significativas en las notaciones neumáticas, ejercicios vocales compuestos por Guido d'Arezzo), que nos muestran el interés de esta época por todo lo que concierne al lenguaje y, en particular, a su organización.

Los primeros neumas, siglo IX
Para un mayor conocimiento de las controversias acerca de los primeros manuscritos con neumas, remitimos al libro de S. Corbin. Se debe hacer notar que, ya en sus orígenes, nos encontramos con notaciones que son distintas en sus grafías.

Las primeras notaciones francesas no son fáciles de clasificar, las únicas reconocibles pertenecen al centro y al norte de Francia: Tours, Noyon, Autun, Fleury, Lyon, Vierzon.

Los neumas hispánicos se asemejan a los neumas franceses sobre las poesías de Eugenio de Toledo (Pn Lat. 8093. Neumas visigóticos, f. 18v, 24; neumas franceses, f. 17v, 18, 24).

Los primeros neumas paleofrancos conocidos han sido hallados en los márgenes o sobre los textos del tratado de Aureliano de Reome. Se trata de las differentiae o las terminaciones de las fórmulas salmódicas y de las fórmulas modales (Valenciennes, B. M., ms. 148). Un sacramentario copiado en Saint-Amand (Pn Lat. 2291), que se encuentra en Saint-Germain-des-Prés, ca. 871, comprende el Credo, escrito en griego y en latín, notado en neumas paleofrancos sobre su versión griega. Hay que recordar que el Credo, en esta época, no se consideraba como un canto.

Los neumas renanos se añadieron a una lectura, cantada también como himno de procesión: la Letio Isaie Prophetae. Domine miserere nostri te expectamus (Sélestat, B. M., ms. 1 [1093]). Los otros textos, también con neumas, debieron ser cantilados, como los Carmina Boethii. Los neumas alemanes más antiguos (siglo IX) se localizan en la ciudad de Regensburg/ Ratisbona. Los neumas se han hallado al final de una recopilación de Saint Ambroise, en la prósula Psalle modulamina ca. 843, en un himno y en diversos fragmentos.

No se ha hallado ningún testimonio de antes del segundo cuarto del siglo IX. El tratado de Aureliano de Reome representa un cambio. Describe las fórmulas salmódicas y los fenómenos musicales a través de metáforas espaciales, de términos que serían utilizados en última instancia como ayuda complementaria a las notaciones neumáticas altum, iosum, y si las menciones de las notarum figurae evocan la representación de los sonidos, no hay que olvidar que la sonoritatis figura, notarum formula, notarum formas podían designar las fórmulas-tipo de entonación de un modo, denominadas "equemáticas": NOEANE, NOEAGIS.

El fin del siglo IX es testigo de la aparición de notaciones más elaboradas. El antifonario, de la misa y del oficio, copiado en Soissons por la Capilla imperial de Compiègne, a finales del reinado de Carlos el Calvo (840-877) no había sido previsto que fuera notado. Fue objeto de algunas adiciones de neumas franceses (f.3) y en los ff. 29-30, sobre una página con huecos en blanco, se añadió notación Mesina primitiva, probablemente añadida después del 877, sobre las melodías de alleluias y de secuencias. Este no es el mismo tipo de antifonario que describió Notker en su carta a Liutvard. El texto de esta carta de Notker se copió muy poco tiempo después, al principio de un manuscrito denominado libellus, que incluía las secuencias de principios del año litúrgico, notadas. Este es el primer ejemplo de notación de San Galo (Suiza), muy fina y regular, melódica y rítmica, aunque desprovista de letras significativas.

Entradas de interés
Los primeros sistemas de notación musical
Sobre las funciones de la escritura para la representación del pensamiento musical

Notación mensural blanca

Del siglo XV al XVI hay un cambio del pergamino al papel. ¿Qué es lo que sucede? Los escribas utilizaban unas tintas muy corrosivas para escribir en el pergamino y el papel no tiene tanta resistencia como aquel, por lo que escribir en papel se hizo imposible sin que acabara deteriorándose. La solución fue cambiar la punta de la pluma (llamada cálamo) y utilizar tintas menos agresivas:

Muchas de las obras de Dufay y Binchois todavía están en notación negra. Ambos tipos de notaciones convivieron hasta que la negra dejó de usarse. La notación también va sufriendo un proceso de codificación, hay una mayor homogeneidad en toda Europa que se va a potenciar especialmente a partir de la invención de la imprenta. Es en este momento cuando hay una revolución comparable a la de internet: hay un abaratamiento y masificación de la cultura.

La imprenta de Petrucci de 1501 necesita tres impresiones: una para el pautado; otra para las notas; y otra para las letras. El primero que hará impresiones de una sola tirada será Pierre Attaignant.

Las figuras que utiliza la notación mensural blanca son las siguientes:

Y nuestra notación actual deriva de las cinco últimas notas.

Cuando realizamos una transcripción a la notación actual, no necesariamente tenemos que respetar esta equivalencia. El tactus del siglo XVI no era el mismo que el de ahora y transcribir una semibreve como una redonda podría dificultar la lectura de la partitura transcrita. Por esta razón, a veces incluso conviene transcribir la breve como si fuera una redonda.

¿Qué es el tactus? El tactus era el término que usaban en los siglos XVI y XVI para lo que hoy en día nosotros llamamos el pulso (una unidad de tiempo medida por el movimiento de la mano). El término aparece por primera vez en 1490 en el tratado De musica de Adam von Fulda. Un tactus está constituido por dos gestos de la mano: uno descendente y otro ascendente (llamadas, respectivamente, positio y elevatio o tesis y arsis). En un compás de 2/4 (tempus imperfectum), cada gesto tiene la misma duración; en un compás de 3/4 (tempus perfectum) el gesto descendente dura el doble que el gesto ascendente.

El aspecto de una partitura con notación blanca era el siguiente:


"Inviolata" de Josquin Desprèz (Florencia, Biblioteca Medicea-Laurenziana, Códice Medici, ff. 89v-90)
A diferencia de los sistemas de notación de épocas anteriores, podemos contemplar una mayor semejanza con nuestro sistema de notación actual hasta el punto de que podríamos leer fácilmente la música desde esta partitura. Podemos encontrar varias transcripciones de esta obra en internet, como esta en la que se respetan los valores de las notas. Claro, esta transcripción tiene cinco voces, mientras que en el manuscrito original sólo hay cuatro voces. La quinta es un segundo tenor que está en canon con el que aparece en el manuscrito; el canon viene indicado con unos puntitos negros sobre la primera longa del tenor (segunda voz del primer folio).

Signum congruentiae
Son una sería de símbolos que indican la coincidencia de las diversas voces. Cuando aparecen en una sola voz indica el inicio de un canon, pero si aparecen en todas es un punto en el que todas las voces se encuentran de forma simultánea.

Signos de repetición
Signos de corrección
Todos los signos encima de la nota negra indican que es una vacua, una nota vacía.



Las líneas indican que es una semibreve y no una mínima.
Las líneas que sobresalen de la cabeza de una figura indican que la nota no corresponde a la altura indicada, sino la altura sobre la que las líneas se sitúan. De este modo, la figura de arriba es en realidad un do y no un re.

Excepciones de ligaduras
La primera ligadura se trata de una ligadura cum oppositat proprietate, pero con una línea de más en la última figura. Si fuera una ligadura cum oppositat proprietate normal, serían dos semibreves, pero con la línea de la segunda figura nos encontramos ante una semibreve seguida de longa.

En la segunda ocurre algo similar: la primera sería semibreve y la segunda breve.

La tercera ligadura sería un breve con puntillo, una breve y una longa.

Claves altas o chiavette
Existe una combinación de claves que indica que la partitura se tiene que interpretar una cuarta por debajo del sonido escrito. Cuando nos encontramos con una partitura como la que se muestra en la imagen inferior, en la que la soprano está escrita en clave de sol y el bajo en clave de do en cuarta (también puede aparecer en clave de fa en tercera), transcribiremos la partitura una cuarta por debajo del sonido escrito en el original. La primera constancia que tenemos de esta práctica es a través del Liderbuch de Erhard Oeglin de 1512.

En internet podréis encontrar transcripciones de esta obra (Veni sponsa) de Tomás Luis de Victoria, yo he hecho una propia que podréis descargaros aquí.

A veces ocurre que muchas de estas obras se pueden encontrar en fuentes distintas. Es el caso de la pieza Nunca fue pena mayor de Urrede, que podemos encontrar en dos manuscritos diferentes, tal y como se puede ver en las imágenes de abajo. El primero pertenece al Cancionero Musical de Palacio y el segundo al Cancionero de Segovia. Existen diferencias entre ambos: la primera de ellas la encontramos en el texto. Uno de los versos dice "hace ser mis días tristes" (Cancionero de Segovia) mientras que en el otro pone "hace mis días tan tristes" (Cancionero Musical de Palacio). El do sobre el que se canta la palabra "que" del verso "que iguale con el dolor que rescibo" en el Cancionero Musical de Palacio está repartido en dos semibreves, mientras que en el Cancionero de Segovia se canta sobre una breve. Para acabar, el manuscrito del Cancionero Musical de Palacio incluye una pequeña cadencia final que no encontramos en el Cancionero de Segovia. Tenéis una versión de esta pieza en Choralwiki.com; yo he transcrito mi versión en el tono original que podéis conseguir aquí.


"Nunca fue pena mayor" de Juan de Urrede (Cancionero Musical de Palacio)

"Nunca fue pena mayor" de Juan de Urrede (Cancionero de Segovia)

Reglas
Música práctica de Ramos de Pareja (1482)
Los 12 tratados sobre música que escribe Johannes Tinctoris entre 1472 y 1484
Proportionale musices (1480)
Práctica musical de Gafurio (1497)
Los 7 libros sobre música de Francisco Salinas
Libro de música práctica de Francisco Tovar (1510)
Toscanello della musica de Pietro Toscanello (1525)
Le institutione armoniche de Zarlino (1558)

De estos tratados de la época se han deducido una serie de reglas que utilizamos para transcribir la música del siglo XVI. Para los ritmos ternarios son muy útiles y necesarias. Si tenemos en cuenta que el ritmo ternario se aplica a la breve, se podrían enunciar las siguientes reglas:

1. Similum ante similum perfectione


2. La breve es perfecta si le siguen 3 semibreves incluso disgregadas en mínimas.
3. La breve es imperfecta cuando va seguida o precedida de una semibreve o más de 3 o múltiplo de 3 y 1.

4. Un silencio de breve nunca puede ser imperfeccionado; sin embargo, puede causar imperfección a otra nota.
5. Cuando hay dos semibreves entre dos breves, la segunda semibreve se altera o dobla su valor.
6. Una figura sólo puede ser alterada si la figura que sigue es del valor superior al siguiente
7. La regla de la alteración se mantiene cuando van dos semibreves en ligadura cum oppositat proprietate

8. Un silencio no puede ser alterado, pero puede producir alteración.

Ennegrecimiento
En algunas ocasiones, nos encontraremos con notas ennegrecidas, ¿qué implica esto? Puede suponer dos cosas:

1) Una disminución del valor de la nota.
2) Producir una proporción de hemiolia.

La reducción del valor NO afecta a todas las figuras ennegrecidas. Afecta a la nota de mayor valor. La figura que están alrededor simplemente la complementan. Un ejemplo de ennegrecimiento lo podemos ver en la pieza Verbum caro factum est del Cancionero de Uppsala, cuya imagen vemos abajo. Podéis encontrar transcripciones modernas de esta obra aquí, cada una de ellas totalmente distinta la una de la otra.

Verbum caro factum est del Cancionero de Uppsala
Reglas de los teóricos para poner el texto
Además de la música, también tenemos que colocar el texto debajo de las notas. En muchas de las partituras, el texto no está colocado cuidadosamente y hay que hacer una labor de construcción música-texto. No había una preocupación por colocar adecuadamente el texto bajo la música y, de hecho, los cantantes tenían plena libertad para emparejar las sílabas con las notas y los ritmos anotados. Esta situación va a ser muy habitual en la época hasta que, más adelante, los propios compositores (como Josquin, Isaac o Willaert) empezaron a preocuparse por la disposición del texto. Es lo que se llamó musica reservata. Aquí presentamos una serie de reglas extraídas de los escritos de los teóricos de la época.

1) Cualquier nota cantable que no esté en ligadura lleva su correspondiente sílaba. Las sílabas largas deben recaer sobre notas de mayor duración que las breves.

2) A cada ligadura sólo se le asigna una sílaba a la nota primera.

3) En un principio, sólo las notas cantables llevarán sílaba.

4) No se pone sílaba a aquellas notas que siguen independientemente a notas no cantables.

5) Cuando, por necesidad, se coloca una sílaba sobre la semínima, se podrá poner sobre la siguiente nota.

6) Cualquier nota después de pausa va acompañada de sílaba.

7) Aunque no lo ponga se toleran repeticiones de palabras y frases (o incluso sílabas), pero hay que intentar que se repitan palabras importantes.

8) Si una vez puesto el texto, sólo quedan dos sílabas, la penúltima podrá llevar alguna de las notas menores. Pero intenta entonces que sea un grupo de notas no cantables.

9) La última sílaba debe terminar en la última nota, excepto si es ligadura.

Veamos cómo ponemos el texto en el Kyrie de la Missa Pange lingua de Josquin Desprez. Si vemos el manuscrito original, veremos que debajo de cada voz tenemos "Kyrie eleison. Christe eleison", pero no se especifica en qué nota se debe poner cada sílaba. En nuestra transcripción, que podéis descargaros aquí, nos tomamos la libertad de colocar el texto según nos convenga de acuerdo con la línea melódica, las imitaciones entre voces y la correspondencia entre el acento musical y el acento del texto.

"Kyrie" de la Misa Pange Lingua de Josquin Desprèz. Parte 1

"Kyrie" de la Misa Pange Lingua de Josquin Desprèz. Parte 2
Semitonía subintelecta
- Tomás de Santa María: El arte de tañer fantasía
- Juan Bermudo: Declaración de instrumentos musicales

De estos tratados se sacan las reglas de la semitonía subintelecta. Son alteraciones que se añaden a las figuras escritas que se sobreentienden, que se tienen que cantar aunque no aparezcan. Es el conjunto de alteraciones que no están escritas pero que se sabe que se hacían.

En el Renacimiento utilizaban la teoría hexacordal basada en los hexacordos naturales de bemol y becuadro. Para ellos, la música ficta necesita de hexacordos fictos (fingidos) que no coinciden con los anteriores.

Los intervalos imperfectos, cuando desembocan en otros perfectos, lo hacen desde el lugar que menos dista. Los intervalos imperfectos son las terceras y los perfectos son las cuartas, quintas y octavas. Si el fa va al sol y el re al do, que sea desde el lugar que menos dista; es decir, desde el fa#.


Lo que también nos dan los teóricos son las cadencias habituales de cada modo:


Podéis encontrar una transcripción de la obra Omnium bonorum plena de Compère en Choralwiki.com, lo que pasa es que puede resultar áspera y difícil de leer. Yo he realizado una transcripción a partir del manuscrito original con valores más pequeños y que puede favorecer una mejor lectura de la obra. Podéis conseguirla aquí. No está completa, falta una buena parte de la obra. Sobre esta transcripción he de añadir que se ha tenido en cuenta la semitonia subintelecta, es decir, el conjunto de alteraciones que no están escritas en el manuscrito original, pero que sabemos que se hacían. De tal forma que podéis encontraros con varios mib (salvo el primer mib cantado por el tenor, que aparece claramente en el manuscrito original), do# y fa# que no aparecen en el manuscrito original, colocados en la transcripción. También tengo que añadir que la letra de las cuatro voces no se ha colocado siguiendo el manuscrito original, sino de la interpretación que de esta obra podéis encontrar en YouTube. Aunque se debe hacer en una transcripción en notación moderna, no he señalado las ligaduras con corchetes, más por una cuestión de imposibilidad técnica que por pereza. Para acabar, las voces de superius, tenor, contra y bassus que figuran en el manuscrito original, coinciden en la transcripción moderna con las de soprano, contralto, tenor y bajo.


Omnium bonorum plena de Loyset Compère
La siguiente obra es un villancico a tres voces del siglo XVI que pertenece al Cancionero de la Colombina. Se titula Los hombres con gran placer. Abajo podréis ver el manuscrito original y aquí podéis descargaros una transcripción en notación moderna. La imagen de abajo, la que está en notación moderna, vienen indicadas la coloración entre corchetes.

Los hombres con gran placer (manuscrito original)


Los hombres con gran placer (transcripción moderna)

El siguiente manuscrito es un fragmento del Credo de la Misa de L'homme armé de Ockeghem, basado en la melodía popular francesa L'homme armé y que tantas misas inspiró, ya no sólo a Ockeghem, sino a Dufay, Josquin Despres o Pierre de la Rue. Podréis ver la conocida melodía en el tenor y que sirve de base para la elucubración musical en el resto de las voces. Sobre el tenor hay que decir que, pese a lo contrario de lo que pueda parecer, está en clave de fa y no en clave de do.
Credo de la Misa de L'homme armé de Ockeghem. Parte 1

Credo de la Misa de L'homme armé de Ockeghem. Parte 2
Podréis encontrar una transcripción entera del Credo (y también del resto de la misa) en imslp, lo que pasa es que usa valores muy largos y las claves armónicas, por lo que leer la partitura puede ser una tarea áspera y ardua. Podéis descargaros una transcripción en notación moderna aquí, en 6/4 y en clave de sol, más cómoda de leer, a través de este enlace. Este manuscrito podemos encontrarlo parcialmente transcrito en el manual de Willi Apel, en compás de 6/8 con un cambio a 3/4 en la coloración.

Ya hemos visto arriba un fragmento del Cancionero de Uppsala, el que se corresponde con la pieza Verbum caro factum est. Volvemos a este Cancionero, pero para transcribir la obra Soleta so jo açi. Esta sería la pieza escrita en el Cancionero original:
Soleta so jo açi del Cancionero de Uppsala. Parte 1
Soleta so jo açi del Cancionero de Uppsala. Parte 2
Y esa sería mi propuesta de transcripción, que podéis descargaros aquí. Yo la he hecho en 6/8, no obstante, podréis encontrar en la web otras transcripciones hechas en 3/4, compás que tal vez sea mucho más conveniente para esta obra. Esto demuestra, sin embargo, que una transcripción acaba siendo algo muy personal y depende de cada uno.




La siguiente obra pertenece al Ms. de Oxford y es un rondó. Se titula Ce ieusse fait ce que ie pense de Hugo de Lantins. Consta de tres voces, las dos superiores tienen un carácter imitativo y la tercera, la más inferior, es un tenor que probablemente fuera instrumental y no lleva letra.

Folio del ms. de Oxford. Tomado de The Notation of Polyphonic Music de Apel

En el manuscrito original, las dos voces inferiores llevan en su armadura un sib, mientras que la voz superior no lleva nada en su armadura. En su libro, Willi Apel habla de una posible politonalidad en esta época; no obstante, algunos de los si de la voz superior aparecen alterados en el propio manuscrito. Otros no lo están, pero se han alterado en la transcripción moderna, siguiendo las reglas que Apel comenta en su libro The Notation of Polyphonic Music (pág. 104):

- El si es natural cuando la frase se produce por movimiento conjunto (es decir, por segundas), en cualquiera de los dos sentidos, tanto si asciende como si desciende; pero el si es bemol cuando hay un salto tanto entre el si y la nota que le precede o la que le antecede.

- Un si que se encuentre en el punto culminante de un frase es bemol.

Estas alteraciones que no aparecen en el ms. original están señaladas con un paréntesis en la transcripción moderna, que podréis descargaros aquí. Aunque sería lo más adecuado, no están señaladas las ligaduras en la transcripción moderna ni las coloraciones, debido a las limitaciones de mi editor de partituras.

Transcripción moderna de Ce ieusse fait ce que ie pense de Lantins
Me ha resultado muy difícil trasladar la estructura del rondó a la partitura, ya que tiene una combinación de repetición de música y letra algo peculiar. Su estructura es la siguiente: ABaAabAB, donde las letras minúsculas indican la repetición de la música con distinta letra. Copio la letra, con su respectiva estructura, aquí. Los versos en cursiva indican el estribillo:

A Ce ieusse fait ce que ie pensé
Et se je fusse en mon pays.
B Je seroye plus que assouvis
D'avoir une telle chevance.

a Car iay desyr de l'aliance
De la tres belle au doulx cler vis.
A Ce ieusse fait ce que ie pense
Et se je fusse en mon pays.

a Donc ne l'ames en oubliance
Si fort y ay mon cuer assis.
b Et si luy plest que ses amis
Soie de tout iay souffisance.

A Ce ieusse fait ce que ie pensé
Et se je fusse en mon pays.
B Je seroye plus que assouvis
D'avoir une telle chevance.

En el Códice Chigi, escrito por Martin Bourgeois de Gante, encontramos los manuscritos de muchas obras de Johannes Ockeghem, todas ellas escritas en lo que se ha llamado notación mensural blanca. Algunas de estas obras son la Missa prolationumMissa pro Defunctis. De esta última, podemos presentar un breve fragmento del Ofertorio: Sed signifer. Este sería el aspecto de este fragmento en notación mensural blanca:


 Ambas imágenes se han obtenido de la digitalización que podéis encontrar del Códice Chigi C. VIII. 234 en IMSLP. Está divido en siete partes, y la Missa pro Defunctis está entre la tercera y la cuarta parte. Según dice Bruno Turner en una edición de la Missa por Defunctis, se supone que la misa estaría entre los folios 125 v. y 136 r, aunque en realidad está entre 117 v. y 128 r. En la imagen de abajo, podéis encontrar la transcripción en notación moderna.





Enlaces de interés
Códice Chigi (digitalizado)
Cancionero Musical de Palacio (Manuscrito digitalizado)
Magnificat omnitonum de Morales
Motetes de Francisco Guerrero
Ms. Capp. Sis. 23, donde encontraréis algunas obras de Josquin Desprez